Muchas organizaciones han estado dilatando durante mucho tiempo la gestión de personas y equipos en modalidad de teletrabajo. Me atrevería a decir, que a muchas de ellas el pasado mes de marzo se les cortó la respiración cuando, “de golpe y porrazo”, todos sus equipos se marchaban a sus casas con el portátil debajo del brazo (en el mejor de los casos).

“Mañana hacemos un Skype y vemos…” ¿Vemos qué?

“Iremos hablando a lo largo de la semana para organizarnos”. ¿A lo largo de la semana…?

Estas frases suelen ser de managers y jefes/as que están a la última en gestión y facilitación ¡Ja!

Frases encantadoras y cargadas de seguridad. ¿No creéis?

No hay que culpar a nadie, pero la responsabilidad es algo compartida, por lo que todos/as tendremos que poner de nuestra parte para continuar disfrutando del trabajo, eso sí, unos días desde casa y otros desde la oficina. Esto no creo que tenga que ser algo maravilloso, extraordinario, simplemente, aceptar el cambio como algo más ágil y natural.

Hay mucho más escondido en todo lo que tiene que ver con trabajo virtual o gestión de equipos en remoto.

Puntos que no deberíamos pasar por alto:

1º. La conexión y el “feeling” entre el equipo quizá lo teníamos superado cuando estábamos uno frente al otro en la oficina, o cuando nos reuníamos todos los días en la sala destinada a ello.

Pero… ¿Tenemos esa conexión y ese “feeling” desde nuestras casas?

2º. Aparecen elementos clave que hasta ahora eran tratados como comunes, y no se les daba una gran importancia: Los recursos y/o medios físicos y tecnológicos para trabajar.

¿En nuestras casas tenemos buena conexión a internet, nos escuchan bien nuestros compañeros, contamos con una luz adecuada y un ambiente sin ruidos ni interrupciones?

3º. Dependiendo del negocio o la responsabilidad de cada uno, lo del Skype, Teams, etc empezaba a ser algo habitual en la oficina.

¿Tenemos constancia si existen otras herramientas que nos faciliten más nuestras tareas o que estén mejor enfocadas a lo que hacemos en nuestro día a día? ¿Imprescindibles ahora, ¿verdad?

4º. Hasta ahora existían comunicaciones informales y era más sencillo percibir los estados anímicos de los compañeros/as o responsables en el lugar de trabajo. Hasta ahora, en un momento dado, permitían abrir un tema de conversación sobre un cliente, un proyecto, etc.

¿Sabemos cuándo y de qué manera podemos hablar con un compañero? ¿Se deberían de crear ciertos acuerdos entre los equipos para trabajar en un ambiente cómodo y seguro?

5º. En un entorno físico o presencial es más sencillo tomar decisiones, crear impactos en los equipos de manera más directa y, por lo tanto, mantener rendimientos estables.

¿La toma de decisiones podrá hacerse de la misma manera en un entorno virtual o híbrido entre presencial y remoto? ¿Podremos llegar a tener equipos de alto rendimiento?

6º. No podemos cometer el error de llevar el mismo estilo de facilitación o de gestión que veníamos haciendo en la oficina. De manera presencial se perciben y se muestran cosas muy diferentes a las que se aprecian desde una videoconferencia.

¿Tendremos que conocer nuevas competencias o habilidades tanto para facilitar como para trabajar en equipo de forma remota?

7º. Los gestos, las miradas o la simple pregunta de “¿Qué tal?”, estando en un mismo espacio es algo sencillo y que sale de manera natural.

¿Somos capaces de trasladar esa mirada, esos gestos de aprobación estando lejos los unos de otros? El reconocimiento y el feedback son imprescindibles en cualquier espacio y entorno de trabajo.

Nos gustaría compartir con vosotros un taller donde pondremos en práctica todas estas cuestiones. Nos alegrará poner sobre la mesa los puntos más interesantes sobre trabajo virtual.

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